Todo comenzó en Julio del 2009. Yo recién me había
mudado de otro estado para vivir con mi hermano. Cuando llegue, ¡vaya sorpresa!
Mi hermano me había hecho una fiesta sorpresa de bienvenida a la cual había
invitado a sus mejores amigos. Él quería que yo me hiciera amiga de sus
amistades para que no me sintiera tan sola. En cuanto entré me llamo mucha la
atención un chico muy guapo que en cuanto me vio se acercó a saludarme.
– Hola, mucho gusto. Yo soy Carlos.
– Hola, Valeria ¿Qué tal?
En eso se acercó mi hermano y nos presentó, me dijo que Carlos
era su mejor amigo.
– ¿Entonces eres mejor amigo de Leo?
– Y tuyo, también puedes contar conmigo en cualquier cosa. Va a
ser para mí un placer introducirte a nuestras amistades y mostrarte la ciudad
cuando Leo no tenga tiempo.
Durante la noche me presentaron a más personas, pero me sentía
muy a gusto con Carlos. Me sentía segura con él, sabía que él iba a estar para mí
en cualquier momento.
Pasaron los meses y nuestra amistad había crecido mucho, él
siempre me abrazaba y me decía que yo era como su hermana, cosa que a mí no me
gustaba mucho porque en mi interior yo quería ser algo más que eso.
Con el tiempo, yo me fui enamorando de Carlos, cosa que no le
dije por pena y porque no quería que algo tan lindo se arruinara con una
relación y, más que nada, porque mi hermano siempre me contaba sus historias.
Carlos era muy mujeriego. En diciembre de 2009, Leo, mi hermano, decidió
regresarse a nuestro país, México, yo decidí quedarme pues yo estaba estable en
mi trabajo y escuela y
me gustaba mucho el ambiente de esta ciudad.
Leo, antes de irse, me encargó con Carlos y a mí me dijo que no
se me fuera a ocurrir enamorarme de él porque él lo conocía perfectamente y no
quería que me hiciera sufrir. Ya era un poco tarde. Bueno, estando yo viviendo
sola, mi amistad con Carlos seguía creciendo. Nos llevábamos genial, nos
queríamos mucho. Claro, él me seguía viendo como hermana.
Después él empezó a andar con una chica de nuestro grupo que,
por cierto, es mi mejor amiga. Cuando me di cuenta, el mundo se me vino abajo,
yo me sentía pésimo, pero tenía que disimular porque Paola era mi mejor amiga y
no quería que se diera cuenta. Era un gran dolor verlos juntos y más que Paola
me contara tantas cosas que hacían juntos.
Como era de suponerse, él empezó a cambiar. Ya no pasábamos tanto
tiempo juntos, él se la pasaba junto con Paola. Después, en Noviembre de 2010,
los dos planeamos un viaje a nuestro país, él a su natal Sinaloa y yo a Sonora.
Paola le planeo una fiesta de despedida en la cual yo estuve ahí, se hizo de
madrugada y me despedí de el.
– Con cuidado, Carlos. Espero verte en México, no te digo adiós sino hasta
luego.
– Gracias, vale. Me llamas para poder vernos y juntarnos con
Leo.
Él se acercó para darme un abrazo y yo no pude dárselo, no
quería despedirme de el.
– ¿Qué pasa, Vale?
– Nada, no te preocupes, no me gustan las despedidas. Te veo
pronto.
Y esa fue la última vez que lo vi, en el camino a casa. No paré
de llorar, sentía miedo, no quería que se fuera.
Mientras yo estuve en México no supe nada de él. Sólo Paola me
había dejado un mensaje diciendo que no sabía nada de él, que sólo le había
enviado un mensaje diciendo que estaba bien.
Llegó el día 12 de Diciembre de 2010, yo pasé todo el día en la
calle, porque eran fiestas a la Virgen de Guadalupe. Ni siquiera tuve tiempo de
abrir mi computadora ese día Cuando llegue ese día a casa pasado de las
tres de la madrugada, vi mi computadora encendida. Me llamó mucho la atención y
cuando moví el mouse, mi página social estaba abierta. Me llamó mucho la
atención.
Tenía muchos mensajes de mis amigos, dándome la peor noticia de
todas: Carlos había muerto en un accidente automovilístico ese día en la
madrugada.
No lo podía creer, no quería aceptarlo, no lo podía aceptar. Mi
amor, mi gran amor, no podía ser. Jamás tuve oportunidad de despedirme de él,
de decirle que lo quería, que era todo para mí.
Corrí con mi hermano y le dije. Nos pusimos a llorar, no lo
podíamos aceptar ¿Cómo podía ser que un chico tan lleno de vida, tan hermoso
ser humano pudiera estar muerto? No era justo.
Dejamos pasar esa noche. Al día siguiente hablé con su familia,
me confirmaron la noticia. Les pedí que me dieran su dirección, pero ya era
demasiado tarde ya lo habían sepultado, no pude ni siquiera decirle adiós
en su tumba.
Después de unos días regrese a USA, me encontré con Paola y
lloramos juntas sin parar. Ella aún no sabe que yo estaba enamorada de él y
creo que es lo mejor.
En tanto a mí, después de ocho meses de su muerte, aún le lloro
todas las noches. Pero también le doy gracias a Dios por haberme enviado un
ángel a mi vida, pues eso fue él para mí. Con él compartí tantos llantos,
tantas alegrías, tengo tantos recuerdos hermosos de él. Y él sigue estando para
mí siempre, siempre a mi lado como un Ángel de la Guarda.

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